Este es uno de mis recuerdos favoritos desde que tengo uso de razón.
Tres años y algunos meses atrás.
Había pasado una mañana horrible. Mi madre y yo habíamos discutido por cualquier tontería de esas que hacen que en dos minutos estemos, prácticamente, tirándonos de los pelos. Normalmente, en esa situación, daba un portazo y me encerraba en mi cuarto, y pasaba la mañana tumbada en mi cama, mirando el techo color vainilla, esperando encontrar una solución al problema más grande de mi vida, sin apenas esperanzas. Sin embargo, aquel día no: ya tenía mi propio refugio, o eso pensaba yo. Un amigo de verdad, alguien que comprendía mi alma y mis incoherencias. "Quizás estoy confiando demasiado en que sepa como consolarme...lo conozco desde hace poco...". Borré eso de mi mente, pensaba que podía ayudarme, y que su sola presencia me aliviaría...así que me puse una camiseta de "Guns n Roses", la más raída y fresquita que tenía, y cogí el autobús, y luego el metro...
Él me esperaba a la salida. Me sonrió y me acompañó a su casa, a la que yo aún no sabía llegar sola.
Dejó que soltase al demonio por la boca, que gritase, que llorase a mares, que hiciese gestos horribles y exagerados con las manos mientras caminaba de un lado a otro de su habitación. Estaba enfadada y frustrada, solo quería que me escuchase, y fue lo que él hizo. Después, me abrazó, acunó mi cabeza sobre su pecho, con delicadeza, diciéndome que no pasaba nada...y yo me lo creí, porque me di cuenta de que si él me abrazaba así, no solo no pasaba nada, sino que yo era la persona más feliz del Universo.
Esa fue la primera vez que sentí que mi corazón no cabía en mi pecho por todas las cosas que yo sentía por Jon.
No hay comentarios:
Publicar un comentario